Cuando se intercambia información con otra computadora, esa información circula por una serie de sistemas intermedios que son desconocidos. Además, no sólo no se sabe cuales serán estos sistemas intermedios, sino que además no se dispone de ningún control sobre ellos o sobre lo que puedan hacer con nuestros datos al pasar por ellos. Quizá el propietario original es de fiar pero su sistema ha sido comprometido por un atacante que toma posesión de los datos enviados.

Por otro lado tampoco se puede estar seguro de que el sistema al que uno se está conectando es quien dice ser. Existen diversos medios técnicos para suplantar la identidad de un sistema y engañar a un tercero cuando realiza la conexión.

En definitiva, no existe una certeza absoluta de que aquellos sistemas a los que uno envíe información sean realmente los auténticos; además, en el caso de que lo sean no se sabe si les llegará la información que se les envía, o si llegará sin cambios o si, aún si llega sin modificaciones, será leída por terceras partes.